El recuento de los daños:

Pensares, sentires y reflexiones a 10 meses del inicio de la pandemia.

Por: Jürgen González

“Y, entonces, reconocieron la presencia de la «Muerte Roja»,

Había llegado como un ladrón en la noche,

y, uno por uno, cayeron los alegres libertinos por las salas de la orgía,

inundados de un rocío sangriento.”

-Edgar Allan Poe

Y henos aquí, primero de enero de 2021, pero no cualquier primero de enero, no, eso ya lo sabemos, ¿no es así?

Se cumplen ya 365 días desde que iniciara un singular 2020, —un año no solo atípico, sino parte aguas en el porvenir de la humanidad— y del que aún esperamos salir, dejarlo atrás poniendo la vista hacia el —¿prometedor?— porvenir que este año nos pueda traer.

La pandemia de Covid-19 se nos vino encima como ola de tsunami, y como todo tsunami, tras de aquella primera ola llegaron otras. No hubo donde esconderse, no hubo quién no se viese tocadx, atravesadx, o afectadx por ellas y, sin lugar a duda, aquellxs que nos dedicamos a escuchar los malestares subjetivos que aquejan a lxs sujetxs nos hemos visto y sentido cercanos —e incluso atravesados— por muchos de los efectos e implicaciones que han traído cada una de esas olas componentes del tsunami llamado SarsCov2. Y no es casual la metáfora del tsunami, ¿acaso no nos hemos sentido inundadxs por las aguas de la pandemia? Que Venecia se hunda cada vez más, y que históricamente haya sido de las ciudades más afectadas por epidemias, no es más que la forma en que la entropía y la ironía nos muestran, a manera de reloj de arena —pero que se llena del fondo hacia el tope— el porvenir de la humanidad. Pero siempre se puede hacer algo, siempre.

¿Qué decir ante una época donde pareciera que el primero de todos los males es un virus? El covid vino a transformar la realidad tal cual la conocíamos, vino a revelarnos cosas que ignorábamos de nosotros y algunas otras que habíamos olvidado; quizás, la más marcada de ellas sea la mortalidad. Nos encontramos en un momento histórico donde la muerte principal es «muerte», así, a secas, sin artículo, ¿no articulable también? Pues a quienes sufren el duelo de un ser querido no se les ha permitido el acompañamiento ni visita de aquel próximo a morir, en un momento, y después de varios días o semanas de no ver al ser querido simplemente se les informa que «ha muerto». ¿Cómo procesar eso? ¿Cómo lidiar ante algo de lo cual no se vio un proceso de deterioro que constatara, y permitiera transitar, hacia lo que al final se les informa, más aún cuando en muchos casos los rituales de cuerpos presentes no son permitidos? La muerte por Covid ha pasado al terreno de los secuestros y las desapariciones. En México ya no solo el Estado, el narcotráfico y el machismo desaparecen personas; como si nos hiciera falta un factor más, ahora un virus viene y nos arrebata a quienes más amamos.

Mil y un males aquejan a la humanidad, —aún más al sujeto que vive en un sistema capitalista—, y estos se han exacerbado con la pandemia, dejando en los sujetos lugar a aquello que desde los sistemas clasificatorios se han nombrado ansiedad, tristeza, desesperanza, depresión, paranoia, obsesiones, conductas autolesivas, etc. Hace casi 10 meses me pregunté ¿cómo intervenir ante esto? Ahora sé que, escuchando, acompañando y favoreciendo la creación de nuevos trazos singulares hacia el presente-futuro. En una época —que fácilmente puede ser nombrada a modo de «la época de la incertidumbre»— como en la que nos encontramos, tener un lienzo en blanco, pinceles y un otro que nos acompañe en la confrontación a la bruma blanca que tiñe al lienzo, resulta de esencial ayuda.

También, y a la par de la interrogación anterior, me encontré preguntándome: ¿y qué habrá de pasar con la escucha, esta se verá modificada? Ahora sé que no, que no se trata de cómo escuchar, eso se ha mantenido igual, se deben escuchar los silencios, las lágrimas, los suspiros, los respiros y las faltas de aire, lo que se dice y también lo que de momento no logra atravesar la barrera de los labios; todo ello se mantiene igual, pero a la vez se siente tan diferente. Claro que hacen presencia asuntos «comunes», pero también se han hecho lugar (casi a la fuerza) nuevos temas. Quienes escuchamos de oficio lo singular y lo subjetivo de lxs sujetxs hemos descubierto nuevas preocupaciones, inquietudes, problemas por los que se están cursado, y malestares subjetivos, emocionales y somáticos que han inaugurado presencia en la actual pandemia, pero ¿acaso entre todos estos temas no hay uno que comparten (compartimos) todxs?

Me refiero a, quizás por primera vez, un duelo global. Un duelo que todxs compartimos y por el que estamos cursando, el duelo de un pasado, una vida pre Covid que ya no volverá jamás, y no hablo necesariamente a salir a la calle y poder hablar con otrxs sin el uso de un cubrebocas, sino a todo aquello que la pandemia vino a modificar en el plano del entendimiento: desde la percepción que teníamos sobre nuestra mortalidad, pasando por las nuevas formas que los gobiernos están encontrando para hacer política,  hasta las nuevas maromas que el capitalismo está ejecutando para dilatar la —ya muy parchada— bolsa en su afán de acumulación de capital. Un duelo que, como mencionó Agamben en su columna «Una Voce»[1] del 23 de noviembre, se inicia por entender que: «El mundo en el que se había vivido hasta entonces no podía continuar, era demasiado injusto e inhumano».

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Este duelo se encuentra por debajo de todo aquello que estamos y estaremos escuchando en análisis, y viendo cómo permea los espacios y momentos que conforman la vida —está saliendo a flote y debemos actuar ante este—; desde lo clínico haciendo lo que hemos venidos haciendo, escuchar, sostener, acompañar, ayudando a trazar el camino al deseo, siempre buscando la novedad, pero también, y quizás más ahora que nunca, incentivando todas las formas resistentes y disidentes que se enuncien respecto qué hacer, y hacer de la nueva vida.

Y queda algo más, lo externo al consultorio.

Si ya me parecía mucha coincidencia encontrar en las múltiples redes sociales el deseo expreso de retirarse de la vida tal cual la veníamos concibiendo, y hacerla en lugares y situaciones opuestas a las de las grandes urbes y lógicas dominantes, como el estar en el campo (deseo nombrado en las nuevas generaciones como Cottagecore[2]). Ahora me confirmo que de coincidencia no tiene nada. Citando nuevamente a Agamben en aquella columna del 23 de noviembre nos dice:

No esperamos un nuevo dios ni un nuevo hombre, sino que buscamos aquí y ahora, entre las ruinas que nos rodean, una forma de vida más humilde y más sencilla, que no es un espejismo, porque tenemos memoria y experiencia de ella, aunque, dentro y fuera de nosotros, las potencias adversas la rechacen cada vez en el olvido3

Esto nos lleva a entender que dentro de la nueva vida deberemos encontrar formas y lógicas que rechacen y se opongan a los preceptos que de la antigua vida había formado el sistema, y que entre estas nuevas formas y modos de hacer la nueva vida se desaloje el vivir como una sociedad formada por colectivos (donde lo individual tiene lugar), y se siembre el vivir como elemento de una comunidad, pues si algo se ha revelado útil y resistente ante el Covid es el pensarnos a nosotros y a los otros como parte de un mismo grupo, familia, hermandad, etc.

Bajo la lógica de «Soy a partir de que me pienso en otros, pues soy quienes somos, y juntos llegaremos a ser», es que, desde lo externo al consultorio, en las tierras donde crece la Vid(a), podremos hacer frente como comunidad a lo que la nueva vida (y las lógicas que en ella quieran sembrar los gobiernos y el sistema) nos traerá en un futuro próximo. Elaborando y relaborando podremos superar este duelo y crear la vida que necesitábamos.


[1] Agamben Giorgio, (2020). “Sobre el tiempo que viene”, Artillería Inmanente, https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1971&fbclid=IwAR2g_7jZ-uJY62MOdNea5NUFkkI4M31eCzFu8_zHyJsOWb5mqRVMRJ8kidA

[2] Cottagecore: Es un esteticismo del Internet que celebra el regreso a oficios y habilidades tradicionales como la cosecha de alimentos silvestres, el horneado, y la alfarería, y está relacionado con movimientos estéticos y nostálgicos similares a grandmacore, farmcore, goblincore, y faeriecore. Según sus proponentes, las ideas del cottagecore pueden ayudar a satisfacer un deseo popular de «una forma aspiracional de nostalgia» así como un escape de muchas formas de estrés y trauma: Wikipedia.com.

[3]Agamben Giorgio, (2020). “Sobre el tiempo que viene”, Artillería Inmanente, https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1971&fbclid=IwAR2g_7jZ-uJY62MOdNea5NUFkkI4M31eCzFu8_zHyJsOWb5mqRVMRJ8kidA

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