Duelos in-visibles: el dolor de la muerte gestacional, del parto y perinatal

Por: Paola Mercado Antillón

El 15 de octubre se conmemora la memoria de bebés que fallecieron en la etapa gestacional, en el parto o después de nacer, día internacional de la concientización y conmemoración de pérdidas gestacionales y de la infancia temprana. Así que aprovecho mi entrada al blog como manera de homenaje y agradecimiento a todas mis pacientes, que desde la asociación Maternando, me ha permitido escucharlas y acompañarlas en su dolor, en su pérdida y en su herida materna.  

El duelo gestacional y perinatal suele ser un duelo invisible socialmente, incluso me atrevo a decir que es un dolor que muchas veces no quiere tomarse en cuenta, por muchos lados, desde lo médico, social e incluso familiar. Sobre todo en casos cuando es una muerte gestacional, como lo que es un aborto espontáneo o que exista paro de latido del corazón y se tenga que provocar un parto en periodo de gestación o la muerte a la hora del parto. Lo que estas pérdidas tienen en común, desde una creencia social, es que se considera que por no convivir «el suficiente tiempo» con la bebé físicamente, entonces implicaría que «no tendría que doler tanto», esto lo digo como referencia de comentarios de mis propias pacientes, cuando el dolor es algo del orden subjetivo, y el nacer madre, no es solo convivir con aquel otro cuerpo ajeno fuera del vientre.

Con lo anterior, ¿qué implica nacer madre?:

De entrada, considero importante, que no es de mi interés decir que es ser madre, incluso dudo mucho que se puede describir que es el ser madre, sino que mi intención es pensar lo que implica nacer madre, porque como mujeres nacemos: también se nace, se inicia, si el deseo así lo permite, el na-ser madre, en sus diferentes momentos para cada mujer.

Entonces, si se habla de nacer, es importante tomar el lugar de acontecimiento. Alain Badiou menciona, en la entrevista que le realiza Fabiem Tarby, que el acontecimiento es:

Algo que hace aparecer cierta posibilidad que era invisible o incluso impensable. Un acontecimiento no es por sí mismo creación de una realidad; es creación de una posibilidad, abre una posibilidad. Nos muestra que hay una posibilidad que se ignora. En cierto modo, el acontecimiento es sólo una propuesta. Nos propone algo. Todo dependerá de la manera en que esta posibilidad propuesta por el acontecimiento sea captada, trabajada, incorporada, desplegada en el mundo. Esto es lo que yo llamo procedimiento de verdad. El acontecimiento crea una posibilidad, pero luego hace falta un trabajo, colectivo en el plano de la política, individual en el caso de la creación artística, para que esa posibilidad se haga real, es decir, se inscriba, etapa tras etapa, en el mundo, aquí se trata de las consecuencias que produce en el mundo real esa ruptura que es el acontecimiento. Utilizo la palabra “verdad” porque se crea algo que expresa no solo la ley del mundo, sino la verdad del mundo. El acontecimiento es la creación, en el mundo, de la posibilidad de un procedimiento de verdad. (A. Badiou, 2013)

A partir de lo que Badiou menciona, puedo colocar que el na-ser madre implica darle lugar a un acontecimiento, como aquella posibilidad de crear con la existencia otra verdad. Por ello es que la cuestión del ser madre es tan compleja, porque está dictada a un deseo, y un deseo, como lo menciona Freud y Lacan, no tiene nada que ver con algo de color de rosa, bonito o llevadero, incluso el deseo desde el psicoanálisis es algo difícil de sostener, es algo que irrumpe la existencia y marca al ser.

Cuando una madre pierde a un hijo o hija, en el vientre o en el parto, no es lo mismo que un aborto consciente, tampoco será lo mismo para todas las mujeres, porque aquí dependerá del deseo que se permitió a través del acontecimiento, para decirse una verdad: «voy a ser mamá, soy mamá».

¿Se les puede negar el derecho a ser madres porque sus hijes murieron en una condición no solo fuera de lo que se considera natural (padres mueren primero), sino porque en algunos casos no se les conoció? Para mí, ellas tienen el mismo derecho de ser madres. Sus hijas e hijos murieron en etapa gestacional o en parto y eso no hace diferencia a cualquier otra madre que pierde a un hijo en algún momento de su vida, son y seguirán siendo madres, porque llegó en la vida de ellas un acontecimiento, tomaron esa posibilidad que marcó su verdad.

La psicoanalista Silvia Tubert menciona en el libro de Figuras de la madre:

Las condiciones sociales, económicas y políticas de la reproducción de la vida social configuran la función materna: la división sexual del trabajo propia de toda estructura patriarcal, establece que las mujeres, además de la concepción, gestacional, parto y lactancia se ocupen casi en exclusiva las mujeres […] Las representaciones o figuras de la maternidad, lejos de ser un reflejo o un efecto directo de la maternidad biológica, son producto de una operación simbólica que asigna una significación a la dimensión materna de la feminidad y, por ello, son al mismo tiempo portadoras y productoras del sentido. (S. Tubert, 1996, pág. 18)

Frases como, «ya déjale descansar», «ni le conociste», «solo tenías unas semanas», «no te puedes encariñar tanto con ese bebé porque no lo cargaste», etc., son frases que demandan que solo esa mujer, que vive ese tipo de duelo, esa «pérdida de objeto amoroso» se encargue solo ella, pero no solo eso, porque lo que caracteriza esa demanda en ese duelo, es que se encarguen ellas de su duelo y que aparte lo hagan invisible, no sea notorio su dolor, que no sea notoria su memoria.

Por ello, a manera de rebelión, y como toda rebelión debe de ser, revolucionaria, el duelo gestacional y perinatal es importante que sea visto, darle su lugar, no solo desde el lado de las madres que lo viven, también es importante que la sociedad y cultura le den un lugar, para no dejárselo, una vez más, ese trabajo a las mujeres, desde lo invisible y solamente íntimo.    

Tubert menciona con la maternidad:

La maternidad no es puramente natural, ni exclusivamente cultural; compromete tanto lo corporal como lo psíquico, consciente e inconsciente; participa de los registros real, imaginario y simbólico. Tampoco se deja aprehender en términos de la dicotomía público-privado: el hijo nace en una relación intersubjetiva originada en la intimidad corporal, pero es, o ha de ser, un miembro de la comunidad y, por ello, el vínculo con él está registrado también por relaciones contraculturales y códigos simbólicos. (S. Tubert, 1996, pág. 25)

Con lo anterior, ese hijo, hija, hije, que muere en condición gestacional o de parto, escribe historia personal y social. Porque el poder construir un vínculo con ese otro, a partir de un acontecimiento que mueve la verdad de esa mujer para ser, también madre en lo público y privado, el cuerpo y la psique, lo consciente e inconsciente, y eso ya se vuelve parte de lo que se construye como vida.

A todas ellas, las veo, las escucho y las acompaño…

Bibliografía:

Badiou, A. 2013, La filosofía y el acontecimiento, con una breve introducción a la filosofía de Alain Badiou, editorial Nómadas, Argentina.

Tubert, S. 1996, Figuras de la madre, ediciones Cátedra, Universidad de Valencia, Instituto de la Mujer.

Otras voces: Infertilidad y sexualidad – MI Tribu Mamífera

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