¿Quién es el sujeto en la pandemia?

“La primera y más alta misión del médico, es reestablecer la salud en el enfermo, que es lo que se llama curar”.

Dr. Samuel Hahnemann.

En psicoanálisis, podríamos decir de alguna manera que la posición del analista, es la de “alguien que está desatando los nudos del sujeto”; o como dijo Lacan en “La Dirección de la Cura”, “el analista dirige la cura, es aquel que apoya la demanda para que aparezcan los significantes” (Lacan, J., pág 566) . El analista, por tanto, es el que sostiene la transferencia, no para buscar el bien-estar del sujeto, como sí debería hacerlo el médico, sino para darle lugar a su palabra. El médico, por otro lado, tiene una misión fundamental, tal y como lo dijo el Dr. Hahnemann (creador de la medicina homeopática) en el primer parágrafo de su Organon de la Medicina, es quien debe reestablecer la salud al sujeto, quien es el enfermo. Ahora bien, si tomamos en cuenta que Hipócrates dijo que “no hay enfermedad, sino enfermos”, podríamos suponer que para el médico lo más importante es el enfermo y no la enfermedad, no obstante, vemos que la realidad dista mucho de ser así. 

La prueba de que el sujeto “no importa” en el consultorio médico, y me atrevería a decir, que también en uno que otro consultorio psicológico, es la actual pandemia que estamos viviendo con el COVID-19. Para muestra, basta con voltear a ver las noticias en televisor, leer el periódico y escuchar la radio; por todos lados nos bombardean con las cifras, el número de contagios, de muertos; el color de semáforo, y variaciones o mutaciones del virus llamado SARS-CoV2, etcétera. 

Mi pregunta es, ¿qué lugar le dan al sujeto? Si tomamos en cuenta que el término sujeto es empleado para designar al individuo en tanto es a la vez observador de los otros y observado por los otros, o bien como nombre de una instancia con la cual se relaciona un predicado o un atributo (Diccionario de Psicoanálisis, Élisabeth Roudinesco y Michel Plon); en esta pandemia, nos queda claro que el sujeto no es otro sino el virus llamado SARS-CoV 2, o COVID-19, como se le conoce. Es al mismo tiempo observador porque está al acecho, y observado porque las víctimas son objeto de estudio, o incluso, de repudio.  

Lo que he escuchado últimamente de manera habitual en la consulta, me hace cuestionarme precisamente el lugar que ocupa el sujeto en la actualidad, a propósito de la pandemia. Escucho palabras tales como, “tuve COVID”. “Fui asintomático”. “Ahora soy parte de la estadística”.” Mi madre murió y no me dejaron verla, ya no me pude despedir de ella porque tenía COVID”. “Cuando mi padre fue al Ayala a consulta por malestar pulmonar debido a su asma, le dijeron que era paciente COVID y lo internaron; ya no lo volví a ver…”.  Y así como estas palabras, hay muchas más que se asocian a lo que podríamos llamar “la nueva normalidad”, donde el común denominador, por no decir “dominador”, es el famosísimo virus y no los nombres o quienes son o fueron las personas. Antes de saber el nombre propio del sujeto en la consulta, lo primero que abordan es algo relacionado con la pandemia y el virus. 

Lo que permea nuestra realidad actual, es el virus del COVID-19, es de lo que más se habla en el mundo; en este caso, no importa si se cree o no en él, el asunto es que es un tema que está todos los días. En la actualidad, el sujeto hablante es el COVID. Los sujetos de carne y hueso hemos sido callados, olvidados. Y como si se tratara de una broma absurda, de manera simbólica nuestra boca está cubierta por ese pedazo de tela, como si se tratara de denostar nuestro derecho a hablar. En la propia consulta médica, incluso muchas veces psicológica, el sujeto ha sido rebajado  a objeto de estudio, aunque desde luego, esto no es nuevo, solamente que se ha acentuado de manera radical.

Hemos sido rebajados a objeto, donde el sujeto, según constatamos en el discurso de la pandemia, el que habla sobre nosotros y a pesar de nosotros es el COVID-19. 

Ahora, el COVID es también quien habla en el diván, las historias de muertes, faltas de empleo, “ansiedades”, de “soy o fui paciente de esto”, y demás manifestaciones derivadas de sus dominios. Está más que claro, que contrario a lo que dijo Hipócrates, el enfermo no existe, existe la enfermedad. 

Es menester cuestionar con detenimiento lo que la pandemia nos deja. Sin duda, esto ya representa un parteaguas en la humanidad; tal y como si se tratara de un sujeto que revolucionó o que marcó un antes o un después, llámese científico como lo fue Copérnico, Darwin, o incluso, el mismo Freud. Así en la actualidad, si el COVID fuese un sujeto parlante, tal vez diría lo que en algún momento dijo John Lennon acerca de The Beatles, “soy más famoso que Jesucristo”.

Hoy día, el sujeto que deja huella es de otro orden, es un sujeto no humano. Parafraseando a Lacan, diría que, actualmente el significante es el que representa al COVID-19 para otro significante. 

BIBLOGRAFÍA:

  • Lacan, Jacques; Escritos 2, Siglo XXI editores, México, 1995.
  • Roudinesco, Élisabeth y Plon, Michel; Diccionario de Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2008.

Publicado por Alejandro León

Analista, que gusta de la literatura, filosofía, la medicina la escritura, y por supuesto del psicoanálisis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: