Una Mujer Síntoma o goce fálico

Por: Areli Gutiérrez

Todo amor encuentra su soporte en cierta relación en entre dos saberes inconscientes            

                                                                                                                      Lacan, Aun.

¿Qué es una mujer­? Es un síntoma, diría Lacan en 1975, así llega a nombrar con términos de síntoma a todos los elementos previamente situados como objeto a, o sea causa de deseo.

Es el caso de la mujer evocada como objeto a, después como síntoma de la pareja. En este punto me inclino a reflexionar ¿desde dónde su lugar es tomado como objeto de deseo o de goce?

Sabemos por Freud que la elección de objeto está determinada por el inconsciente y esto no es nada nuevo.

Sin embargo, decir síntoma es nombrar más que al objeto del reencuentro y más que los lazos de amor y los deseos, es hablar del goce mismo, sí, ¿pero cuál goce? Sería el cuerpo a cuerpo de la pareja sexuada.

El hecho de que una mujer sea síntoma se ve porque no hay goce del Otro (de la pareja) como tal, el goce tomado en el cuerpo a cuerpo pasa por el goce inconsciente, esto quiere decir cuando se trata de una mujer, que ella presta su cuerpo para que gozando de ella el hombre goce en realidad de su propio inconsciente, goce fálico.

Este goce fálico lo que indica es que es el goce de Uno en tanto tiene su lugar en el propio cuerpo, diferenciado del goce del Otro, está tomado de un órgano del mismo cuerpo (el suyo).

Así lo que llamamos el goce del objeto a, ese goce no es para nada en sí mismo lo que nos permite vincularnos al Otro sexo, «no hay relación sexual» dirá Lacan.

Este goce fálico no permite, deja fuera el vínculo con el Otro sexo, no se puede ver al Otro.  Ya lo decía Freud «no importa el objeto en si al que se dirige la pulsión». Tiene que ver con este goce fálico que deslinda Lacan del deseo amoroso.

Podemos decir con lo ya planteado que para vincularse desde el goce pulsional al Otro la vía que existe es la del amor, la del deseo, el cual queda suspendido detenido hasta anteponer el narcicismo propio, como señala Freud «el que ama, se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera renuncian a una parte de su narcisismo». Algo que no pasa ni pasará en el goce fálico, como lo vemos hoy en día con la cosificación hecha a las mujeres percibidas lamentablemente como objeto a (goce fálico) goce de Uno.

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