Acontecimiento Amoroso

Por: Areli Nohemí Gutiérrez           

                                        Una libertad que no permite volver atrás. Eso es lo que nos propone y nos provoca el acontecimiento amoroso.   

Anne Dufourmantelle

En el silencio del consultorio, donde se abre paso la palabra, escucho infinidad de veces el enfrentamiento interno que llevan los pacientes al encontrarse con las contradicciones amorosas. Las exclamaciones van desde: «me molesta estar en esta situación», «no quiero sentir nada», «odio estar confundida-inquieta», «sí quiero, pero no quiero verlo», «me molesta estar un día bien y un día mal», «hay un extrañamiento de mi», «me da miedo amar y que me lastimen».

Las expresiones de amor-odio, las ambivalencias insoportables, la incertidumbre pronunciada como un caos interno que confunde, quema, altera, desespera, frustra, perturba, inquieta, y en ocasiones aniquila el acto de amar Lacan lo nombró como Odioamoracion.

El psicoanálisis nos enseñó, según Kristeva, en su libro Historias de amor, que es más antiguo el sentimiento de odio que el de amor y en algún momento cohabitan, es decir, no hay amor sin odio, sin opacidad, sin oscuridad, es habitar una brecha ante lo inesperado, es el pago que apostamos por la travesía de Eros en la vida.

Desde la clínica podemos observar que en el No encuentro con el Otro amado, se descentraliza lo inscrito. Atravesar la castración al no tener lo que imaginamos nos coloca en una angustia latente.

El amor es el advenir más que la necesidad de elegir, es deshacer la espera para que pueda llegar la sorpresa, acontecimiento amoroso, diría Badiou. En esto, estaríamos implicados como analistas en cada sesión, pues, la transferencia posibilita el advenir de la sorpresa, habilitando una especie de soledad amorosa compartida.

Por otra parte al ser sujetos escindidos, divididos, confrontados, incompletos, inacabados, en falta, carencia, u orfandad, atravesamos la odisea amorosa, la contradicción continua cuando de amor se trata de una manera que arrebata certezas.

Por lo hasta ahora mencionado, quizás se trate de soportar lo extraño, eso que empieza a jugarse más allá de lo familiar, cuando entramos en este vínculo amoroso nos vemos des-familiarizados, es la posibilidad de salir de mandatos, de obediencia, dejar lo familiar abre riesgos, es el extrañamiento del sí mismo, suscitado por el encuentro con Eros.

Eros se inscribe entre el sí mismo y la Otredad, entre el remedio y el veneno, entre lo dulce y lo amargo, entre la lucidez y la oscuridad la coexistencia simultánea, es ser totalmente feliz y totalmente desgraciado. De aquí lo difícil y doloroso que conlleva el amor, atravesarlo siempre nos traerá incertidumbre y ante eso no hay forma de prepararnos.

Eros resiste, resiste por su parte a las predicaciones, a la clasificación ridícula, abriéndose camino en esos pequeños espacios dejando pasar lo incierto del deseo, suscitando lo insólito, la inquietud por un más allá, lleno de contratiempos abre el vértigo de lo sabido, de lo creído, en todo momento se intenta escribir lo indecible del deseo dando como resultado el inesperado acontecimiento amoroso que no permite volver atrás.

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