Breves apuntes sobre la Eutanasia

Por: Mónica Dávalos

Ciencia y Caridad – Pablo Picasso, 1895

La eutanasia o muerte asistida es un tema que nos enfrenta a cuestionamientos éticos, morales, jurídicos, estéticos y económicos, tanto del enfermo como de su entorno. Constituye un gran debate, debido a la multiplicidad de creencias, pues en las distintas épocas y sociedades se ha construido una mirada particular hacia la muerte, de ahí que los debates en torno a la eutanasia arrojan luz sobre algunas posturas hacia ella.

La muerte es un tema extraño, sabemos que todos morimos, se llegará el día y algunos se preparan para ello, sin embargo, es también uno de los temas más evadidos por las sociedades, parece ser que a pesar de esa certeza no se creyera en ella, no parece ser necesaria la muerte. A pesar de ello, no es un tema que se pueda evadir para siempre, y cuando llega el momento, se desea una muerte tranquila, digna, valerosa y cercana a los seres amados.

En la actualidad se hace hincapié en el concepto ético de «muerte digna», en el cual se busca que el proceso de muerte se dé evitando el dolor y sufrimiento, manteniendo el control y la autonomía. Deseo claramente válido, sin embargo, de igual forma, controvertido. Pues, ¿qué tanto podemos elegir y controlar de nuestra propia muerte? En la actualidad contamos con un gran desarrollo respecto a las prácticas últimas de la vida, existen grupos de debates y defensa de la eutanasia, el suicidio asistido, la sedación terminal o el rechazo de asistencia médica. Todas ellas defienden «el derecho a morir», concepto ético y jurídico, que defiende la libertad de un ser humano para acabar con su vida o para someterse a la eutanasia. Opciones que se presentan sobre todo en casos de personas con una enfermedad terminal, a las que se puede permitir acabar con su propia vida o rechazar un tratamiento que la prolongue. A propósito de ello, prolongar la vida a toda costa por la medicina es igualmente un tema controvertido, en algunas sociedades podrían verla como un anhelo de progreso, mientras que otros grupos de pensamiento, como una irrupción violenta de la naturaleza, o de los designios de Dios. En el caso de la eutanasia no podemos separarla del médico, pues es a quien le correspondería el último acto para dar muerte. El filósofo francés Vladimir Jankélévitch aborda el tema de la eutanasia de esta manera, es decir, resaltando el papel del médico, ya que afirma que la eutanasia conforma un problema para él.

Quien quiere matarse se mata. (…) Pero el problema de la eutanasia es la licencia para el médico de dar directa o indirectamente muerte a un enfermo, cuyo estado se considera desesperado, con el consentimiento del enfermo. Ese es el problema de la eutanasia: el derecho jurídico para el médico, que en la literalidad del derecho aparece como un asesino, con el objetivo de darle al enfermo el pinchazo que lo liberaría de sus últimos tormentos. (Jankélévitch, 2017, p. 44)

Debemos reflexionar sobre aquello que se hace para preservar la vida, pues, en este punto las cosas tornan un giro, la esperanza para muchos de los que eligen la muerte es mayor e implica una libertad que ya no les es posible encontrar en la vida. Uno de los cuestionamientos más importantes que plantea la eutanasia es, ¿tenemos el derecho de negarle a alguien la elección de morir? Pues, si bien, la medicina lucha para preservar la vida ¿en qué momento una vida que se preserva sigue siendo una vida?

El problema está planteado actualmente por las técnicas de reanimación, por los múltiples medios que tenemos de prolongar la vida de un enfermo casi indefinidamente y de prolongar de la misma manera no a un hombre verdaderamente consciente, sino a un pobre ser vivo que está en coma, reducido a un estado vegetativo (…) Es un juego irrisorio que plantean las técnicas actuales de reanimación, de prolongación de la vida, etcétera. Se trata, a través de la eutanasia, simplemente de detener eso. (Jankélévitch, 2017: 45)

Una pregunta más nos servirá a modo de cierre en estos breves apuntes: ¿qué nos puede decir el padre del psicoanálisis a propósito de la eutanasia? Para ello mencionamos uno de los textos poco conocidos de Freud, Lo perecedero, en el cual plasma sus reflexiones sobre la cualidad de efímero de las cosas, y cómo nuestras actitudes hacia ello definen nuestra mirada de la vida y la muerte, para explicarlo nos menciona dos reacciones psíquicas distintas: «Una conduce al amargado hastío del mundo; […] la otra, a la rebeldía contra esa pretendida fatalidad» (Freud, 2013, p. 2118). Freud niega que el carácter de perecedero de la vida y de lo bello involucre su desvalorización:

Por el contrario, ¡es un incremento de su valor! La cualidad de perecedero comporta un valor de rareza en el tiempo. (…) En cuanto a lo bello de la Naturaleza, renace luego de cada destrucción invernal, y este renacimiento bien puede considerarse eterno en comparación con el plazo de nuestra propia vida. En el curso de nuestra existencia vemos agotarse para siempre la belleza del humano rostro y cuerpo, mas esta fugacidad agrega a sus encantos uno nuevo. Una flor no nos parece menos espléndida porque sus pétalos solo estén lozanos durante una noche. Tampoco logré comprender por qué la limitación en el tiempo habría de menoscabar la perfección y belleza de la obra artística o de la producción intelectual. Llegue una época en la cual queden reducidos a polvo los cuadros y las estatuas que hoy admiramos: sucédanos una generación de seres que ya no comprendan las obras de nuestros poetas y pensadores; ocurra aun una era geológica que vea enmudecida toda vida en la tierra…, no importa; el valor de cuanto bello y perfecto existe solo reside en su importancia para nuestra percepción; no es menester que la sobreviva y, en consecuencia, es independiente de su perduración en el tiempo. (Freud, 2013, p. 2119)

Freud, nos dejó escrito que la misma cualidad de perecedero incrementa el valor de la existencia. Afirmación que deja plasmada entre líneas en su obra y en su forma de vida, pues él no retrocedió ante lo terrible, ante los cambios, ni ante la muerte. Y de la misma forma y a propósito de la eutanasia, Freud decide el momento de su muerte, tras años de vivir con cáncer de mandíbula y de someterse a más de 30 intervenciones quirúrgicas, crea un compromiso con su médico personal, Max Schur, quién «lo ayudaría a abandonar este mundo de forma digna». Es así como un 23 de septiembre, de 1939, muere después de que su médico le aplicara una dosis letal de morfina. Sigmund Freud deja un gran legado y el desafío de no retroceder ante el psicoanálisis, ante la vida, ni ante nuestra propia muerte.

Cualquiera que sea nuestra enseñanza o creencia sobre la muerte, llegará. La muerte en este sentido es muy humana, pues, si bien, todo ser vivo muere, solo el hombre es consciente de la muerte, ya que sabe los riesgos. La dimisión de la vida, sea física o subjetiva, es ya una pérdida; es por ello que la vida se guarda con la esperanza, que «está clavada al hecho de ser» (Jankélévitch, 2017: 68). Cuando la esperanza se termina, nos encontramos ante la desesperación, y, si ya no hay nada que proteja, se avanza hacia la muerte. En cierto sentido, la historia y la temporalidad del sujeto deciden las circunstancias de la muerte. Todo ello la vuelve ambigua y en ello reside la importancia de pensarla, repensarla y poder elegir con libertad aquello que sea posible.

Bibliografía:

Jankélévitch, Vladimir, Pensar la muerte, México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2017.

Freud, Sigmund, Lo perecedero, Obras completas, siglo XXI Editores, volumen XV, Buenos Aires, Argentina.

Publicado por Mónica González Dávalos

Practicante del psicoanálisis en la ciudad de Guadalajara.

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