Sobre inicios y finales; la cuestión técnica de la interpretación

Por: Gabriel de Jesús Chávez  

¿Qué caracteriza lo traumático? Desde sus primeras experiencias clínicas frente a los casos de histeria, Freud intuía la presencia (y grado de importancia) de lo traumático en la gestación, evolución y resolución de la neurosis. En Estudios sobre la histeria (1895)lo ubica en el terreno de la materialidad fáctica, es decir, el trauma siempre era Real, siempre de índole sexual, siempre seducciones y abusos, pero ¿qué ocurría cuando no? ¿Qué pasaba cuando no había un trauma Real en la historia clínica del paciente? Es así que Freud mueve la operatividad del trauma del orden de lo factico material al orden de lo simbólico material, uno de los grandes descubrimientos de Freud (que posteriormente lo llevaría a formular teóricamente el Edipo) fue que el trauma se puede imaginar.

Deleuze no se equivoca, siguiendo a Lacan, al mencionar que lo característico del fantasma es su función encubridora de la nada. Esa nada de donde emerge lo traumático para condicionar la constitución de un sujeto. Nos dice claramente que el estatus imaginario del trauma no lo vuelve menos traumático, y por tanto sus consecuencias no serán menos reales.

En la vida (y por consecuencia, en la clínica) pocas cosas tienen un estatus traumático tal como lo son los inicios y los finales.

Si nos dejáramos guiar por la asociación simplista de sentido, diríamos que hay una relación clara a modo de metáfora del nacimiento y la muerte. No me opongo a esta lectura, pero me parece que contiene en sí misma una función encubridora de lo que en la práctica nos encontramos frente a los inicios y los finales, algo inenarrable sobre ello.

¿Qué se encubre? La ausencia de significante, en términos concretos, de lo que al sujeto le significa su nacimiento y su muerte. Con esto quiero decir que en el «inicio» y el «fin» de la historia personal del sujeto no hay significante que pueda ser nombrado, sea por el sujeto mismo o por los otros. Esto nos daría indicios de su carácter traumático en el terreno de lo material factico, pero ¿y lo material simbólico?

Allí encontraremos que lo traumático no tiene que ver con el acontecimiento/objeto en sí (con lo factico), sino con la reminiscencia de lo que aconteció/estuvo en algún momento. Con esto, lo auténtico traumático es lo que sucedió, lo que retorna, no lo que sucede.

¿Hacia dónde se retorna? ¿Hacia su inicio o hacia su fin? Me parece que para comprender esta contradicción sobredeterminada habría que voltear al regreso de Steve de Las Pistas de Blue y Evangelion 3.0 + 1.0 Thrice upon a time.

Curioso me pareció que el video de Steve se viralizara como lo hizo. Steve, siendo el personaje de un programa infantil educativo, logró apaciguar la angustia encarnada en los cuerpos de la población que ronda de entre los 20 y 30 años, con un mensaje cuyo contenido no es menos que precario. Un simple «sigue adelante, no te rindas» conmovió a los y las de mi generación de una forma profunda, y solo me queda preguntarme ¿por qué?

Lo mismo me sucedió a mí, particularmente viendo Evangelion 3.0 + 1.0 Thrice upon a time, la misma sensación que me surgió al ver el video de Steve, una especie de euforia grotesca que pronto devino en tristeza nostálgica, de nueva cuenta ¿por qué?

Me parece que este sentir se relaciona íntimamente con esta contradicción sobredeterminada del inicio y el fin.

Steve se fue de Las Pistas de Blue y no regresó jamás. En la serie (desconozco si en la realidad) dejo a cargo del programa a «su primo» mientras se iba a la universidad. Pocas series sobreviven a un cambio de protagónico tan radical como lo fue este. Sin embargo, la popularidad es irrelevante, lo que se juega en el mensaje de Steve no es su partida del programa, es su retorno y su semblante; Steve ha dejado de ser Steve, así como nosotros y nosotras hemos dejado de ser niños y niñas. El retorno de Steve nos juega a modo de espejo nuestro propio retorno a la infancia, más allá de eso, nuestro retorno propio de la infancia a nuestra adultez. En un triple movimiento Steve nos regresa a nuestros días de Las Pistas de Blue, para ver desde allí nuestra condición actual y regresarnos de vuelta con algo inacabado, algo que no se puede elaborar. Curioso que la función principal del video haya sido ponerle fin a la historia de Steve, y que lo que haya causado haya sido darle continuación.

Me recuerda mucho a esta idea errónea de la psicología hegemónica sobre como cerrar ciclos trae paz y bienestar, cuando en la práctica pareciera que trae tristeza y angustia.

Steve nos interpela en un discurso que bajo otras condiciones no sería efectivo, no evocaría ningún afecto. Me parece que la razón por la que es efectivo es porque a esas alturas Steve ya no habla desde un nombre propio, está haciendo semblante del Gran Otro. Hablar sobre universidad, préstamos estudiantiles, facturas, «cosas de la vida adulta» es lo que coloca a Steve como un semblante ajeno de lo vivido en carne propia por la generación de entre los 20 y 30 años. Esta experiencia ominosa de lo adulto que retorna desde la infancia es lo mismo que sucede en Evangelion.

Shinji tardó 26 años (lo mismos años que tengo yo) en hacer «las cosas bien», en elegir correctamente al final del tercer impacto. Shinji rechaza la libertad y la instrumentalización humana en favor de estar vivo, de que todos y todas estén vivos. Lo que nunca pensé ver, al final Shinji no está solo y miserable.

Evangelion termina donde comenzó. Uno no reconoce a Shinji (como al inicio del anime) porque ha dejado de serlo. Curiosamente, parece que el mensaje de Steve también puede aplicar a la historia de Shinji.

Con esto me gustaría plantear que el movimiento dialectico del inicio y fin puede observase formalizado a modo de interpretación. Ver el video de Steve (y la última película de Evangelion a titulo personal) tuvo una función de interpretación en la subjetividad de los de mi generación.

Freud nos distingue claramente entre interpretación y construcción, una sirviendo aisladamente y otra a modo de conjunto. La construcción se forma a partir de varias interpretaciones previas del contenido que el paciente trae a sesión. Sin embargo, y siguiendo el texto de Freud de Construcciones en análisis (1937),la diferencia entre una y otra es su operatividad y determinación. La construcción se presenta a modo de relato «rescatado» de aquello que el paciente habla en su discurso y parece no darse cuenta; Freud equipara el trabajo de construcción en análisis con el de un arqueólogo que se encarga de rescatar aquello olvidado. Bajo este sentido, las construcciones se le presentan al paciente a modo «especulativo», abierto al juicio del paciente, quien en última instancia dará el visto bueno o malo de lo «rescatado» por el analista.

En contraposición la interpretación por su condición aislada, solo se emplea a un elemento que en transferencia (y contratransferencia, claro está) adquiere una relevancia abrumadora. Mientras la construcción espera ser afirmada o desestimada, la interpretación ejerce un movimiento inconsciente casi de inmediato. Recordemos que Lacan nos dice que la función del lenguaje no es informar (construcción), sino evocar (interpretación).

Lo anterior es importante, porque habrá que admitir que mientras la construcción nos habla de un ejercicio de reflexión del sujeto, la interpretación nos habla de una movilización del sujeto, algo que lo descoloca en las coordenadas de su deseo y posibilita el acto.

Quienes hacemos clínica, sabremos que mayoritariamente trabajaremos en el nivel de la construcción, alentando al paciente a la reflexión de su historia personal, y que pocas veces habrá lugar para una interpretación. Por eso mismo es problemático escuchar colegas que hablan todo el tiempo de interpretación en la clínica, como si en todo el acto analítico se jugara un sentido último, oculto. Esta tendencia de pensamiento llega a la peligrosa dimensión de la sobreinterpretación, en el que el espacio clínico adquiere un ambiente protopsicótico donde todo tiene un sentido oculto que necesita ser descubierto, al grado de ser persecutorio.

Justo la operatividad de la interpretación viene de que es una suspensión simbólica (del sentido), no se transmite de un yo a un yo (como en la construcción), sino de inconsciente a inconsciente. Hay actos, gestos, palabras que fungen como interpretaciones en sesión. Recordemos las anécdotas de la propia Dolto, que decía con orgullo no saber que había hecho para dar resolución a los síntomas de sus pacientes infantiles. Algo del acto es lo que se juega en la interpretación, algo que queda inconsciente, sin un inicio y sin un fin.

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