El concepto de amor en San Agustín

Por: Karina Olascuaga

Ama, pero cuídate de qué es lo que amas.

San Agustín

La muerte, la pérdida, perder, el duelo, melancolía, la vida, el amor.

Si supiéramos que la muerte no es ningún mal, ¿temeríamos morir? O es solo la muerte vista desde fuera, la de nuestros seres queridos, lo que nos hace temer. Perder a una persona tan especial que teníamos, un vínculo cercano, un lugar que nos hace sentir seguros, alguna experiencia placentera, etc.

Y bien nos decía San Agustín: ¿Qué hombre puede vivir como quiera, si el mero hecho de estar vivo no está en su poder?

El libro El concepto de amor en San Agustín es escrito por Hannah Arendt (1906-1975), filósofa judío-alemana, que retoma los conceptos de amor en San Agustín, como tesis para doctorarse en Filosofía por la Universidad de Heidelberg.

No me detendré en hablar de todo el libro, sino que tomaré los primeros puntos trabajados en el texto, para asociarlos con conceptos desde el psicoanálisis. Hablaré del amor estructurado como anhelo, tema hermoso que nos da el libro y mencionaré los conceptos de: pulsión de muerte, el duelo y la melancolía.

La autora reflexiona el concepto de amor desde San Agustín, para mencionar el amor como un anhelo. «El amor estructurado como un anhelo», el amor como posesión, ausencia de tiempo, interminable, para siempre.

Profundiza en que hay cosas verdaderamente reales y duraderas, y solo el presente puede dar cuenta de eso, pero no el presente como tiempo cronológico, eso después lo explica. El pasado y el futuro, o ya fueron o aún no son, porque carece de espacio. Pero hay momentos en los que se puede suspender en el tiempo, el hombre puede lograr tales cosas; justamente esas son las cosas duraderas. Para eso el tiempo es una medida donde las cosas pueden sostenerse y es en la memoria en donde las cosas se depositan.

Hannah Arendt, leyendo a San Agustín, nos dice sobre el tiempo y la eternidad de los momentos duraderos. Piensa sobre la vida, va pulsando, «está por siempre inquieta» (Arendt, 2001, pág. 32) y que si todo se queda en la memoria, entonces está en el presente. Existe, porque esas mismas cosas no están en proceso para cambiar el futuro ni han sido objeto de cambio en el pasado. Existen en un espacio atemporal.

También, de modo poético, nos dice que en cuanto la vida continúa su curso se va terminando, incluso si las cosas duraran para siempre, las cosas como objetos, la vida se termina cada día. Se va desvaneciendo con el tiempo, con los días, con el vivir.

Y entonces qué nos queda como sujetos para apaciguar esta realidad de la vida. Como mecanismo de defensa, ignoramos y postergamos la muerte para sostenernos en la vida. Al sostenernos en la vida se produce que la vida sea percibida como objeto, que no queremos perder.

Retomando el punto en que el amor es considerado como un anhelo, ahí están depositados entonces todos nuestros deseos. Por lo tanto, si dura en nuestra memoria como momentos duraderos, el libro menciona que también existe el temor a perderlas. A perder el objeto de anhelo que es la vida.

Nos da la respuesta de que «el objeto último de todos los deseos es la propia vida» (Arendt, 2001, pág. 32)

Así que la vida también se convierte en cosa y como los objetos restantes de nuestra vida, tampoco dura. Por lo tanto, hay un temor a que se desvanezca y perderla.

«O es un mal lo que tememos o el que temamos ya es un mal» (Arendt, 2001, pág. 28), tememos a la muerte porque vemos la vida como un objeto al cual poseer. Y el amor como un anhelo.

Nos dice el psicoanálisis, no hay angustia sin objeto. Y más bien, angustia de la pérdida del objeto de deseo. Nos vacía, nos hace un agujero en lo más profundo de nuestro corazón, inconscientemente esa separación de objeto nos desangró, como sujeto dividido y perdido.

Tememos perderlo porque en algún momento de nuestra infancia nos fue arrancado. Morimos con su muerte.

Pero no necesariamente, porque mientras la vida continúa, tenemos la posibilidad de amar. Cuando llega el momento de recuperarse del duelo y la melancolía se pueden crear vínculos afectivos duraderos, en el tiempo, el espacio y la memoria.

Bibliografía:

Arendt,Hannah,  El concepto de amor en San Agustín, Ediciones Encuentro, Madrid, 2001.

Jacques, Lacan, Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Ediciones Paidós, buenos Aires, 1964.

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