Tiempos no re-presentables

El tiempo perforado – Rene Magritte, 1938

Por: Mónica González

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Xavier Villaurrutia

Volver a una patria lejana,
volver a una patria olvidada,
oscuramente deformada
por el destierro en esta tierra.
¡Salir del aire que me encierra!
y anclar otra vez en la nada.
La noche es mi madre y mi hermana,
la nada es mi patria lejana,
la nada llena de silencio,
la nada llena de vacío,
la nada sin tiempo ni frío,
la nada en que no pasa nada.


Nostalgia, del griego nostos, regreso, y algia, dolor. Podemos pensarla en un primer momento como aquel dolor que regresa, un dolor por aquello que regresa, o el dolor de no poder regresar al hogar o con quienes, un día, habitamos o creímos habitar.

Fue un término acuñado por un médico suizo, llamado Johannes Hofer, concepto que utiliza en su disertación médica, titulada Dissertatio medica de nostalgia oder Heimweh, en 1688. Se trataba de un padecimiento pensado como una enfermedad, intentaba denominar la añoranza específica que solían sufrir los soldados suizos que luchaban fuera de su país y que deseaban volver; sus síntomas eran similares a la melancolía, pues, al igual que ella, se experimenta una pérdida real o ideal. Se reconoce la pérdida, sin embargo, no se sabe exactamente qué se ha perdido con ello; en la melancolía, en cambio, prevalece una mirada pesimista hacia sí mismo, un empobrecimiento del yo, un estado de ánimo negativo caracterizado por la pena y la tristeza aguda, un desinterés por lo otro.

La añoranza indica mirar a lo lejos, al hogar que ha dejado de existir o no ha existido nunca. Es un sentimiento de pérdida y desplazamiento, una «felicidad triste» que se asocia con el anhelo por el pasado, sus posibilidades y eventos; los «buenos tiempos», una «infancia cálida», un «país en paz», un «buen amor».

Aunque Hofer nombró la nostalgia, es un afecto que existió y se consideró antes de ello, por ejemplo, en La Odisea de Homero, que narra la historia de Ulises en su viaje de regreso a su patria, Ítaca: durante el viaje de vuelta a casa se enfrenta a grandes peligros, en el trayecto se fortalece y transforma, y al llegar comprende que también ese origen ha cambiado.

Otro precedente lo encontramos, durante la Guerra de los Treinta Años, en dicho periodo fue considerada también como una enfermedad, por la cual varios soldados fueron dados de baja al ser diagnosticados con el mal de corazón. Entre los síntomas encontrados, podemos mencionar apatía, pérdida del apetito, ideación suicida; la nostalgia no solo se consideraba letal, sino también contagiosa.

De igual forma, una vez acuñado el término sigue siendo trabajado por diversas ramas de estudio, pasó de ser una cuestión puramente médica a formar parte de escritos de psicoanálisis, psicología, filosofía, poesía y representada en el arte.

En la obra de René Magritte que encabeza este escrito, El tiempo perforado, se presenta en un instante, el concepto del tiempo, mediante un reloj que lo mide y un tren que indica su inevitable avance, la locomotora atraviesa la habitación, mientras que, en la chimenea, el reloj y el candelabro se quedan siendo reflejados en el espejo tras ellos, que dibuja el pasado. Dicha imagen es una representación inmóvil de la eternidad, y el tiempo es precisamente el cambio, que lo mueve; ya nos decía Platón que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad.

La nostalgia es un tema que ha sido visto desde muchas perspectivas a lo largo de los años, sin embargo, a su vez ha sido dejada de lado, como un tema ya dicho, por lo que esconde huecos en el entendimiento. Pues nunca fue fácil de definir, ni siquiera en su origen. Por ello, en este escrito, con el fin de esclarecerlo, encontramos que se desglosan algunas cuestiones dignas de elaborar: ¿a qué se refiere el retorno en la nostalgia? ¿Cómo es vivir con nostalgia: qué crea, a qué se renuncia, es un engaño? ¿Se puede sentir nostalgia de algo que nunca se vivió o nunca existió? ¿Hay nostalgia en el futuro que parece ahora inexistente?

En la nostalgia siempre está presente eso a lo que no es posible volver, pues, ya sea algo existente o no, pasado o futuro, siempre involucra el trascurso del tiempo, el anhelo de lo que se tiene, lo que se pierde y lo que se desea. En este punto es importante resaltar que en la nostalgia en ocasiones existe una dificultad para expresar en sí qué se añora exactamente, ya sea otro lugar, otra época, otra vida.  Sobre ello, Svetlana Boym en su libro El futuro de la nostalgia nos dice:

La propia nostalgia tiene una dimensión utópica, aunque se basa en una utopía que no se proyecta sobre el futuro. A veces la nostalgia tampoco se proyecta sobre el pasado, sino sobre los márgenes. El nostálgico se siente asfixiado por las categorías convencionales del tiempo y el espacio. (Boym, 2015, pág. 13)

El retorno es una figura que esconde grandes posibilidades de recreación; sabemos que de alguna manera es necesario volver a ese pasado para avanzar en el presente, pensar aquello que se olvidó, lo que aún no se ha comprendido, lo que se debe seguir considerando y a su vez lo que se renueva. Pero es peligrosa también la vuelta atrás, se corre el riesgo de quedar atrapados en una memoria que engaña, que muestra lo que se dejó como algo mejor (ya resaltaba Aristóteles que la memoria y la imaginación se daban en la misma parte del alma). La memoria en este sentido habría que pensarla como lo que nos ha permitido aprender, y rescatar de ella lo que se necesite trabajar, para así posibilitarnos un mejor estar.  

Por ello mismo, el tiempo se figura como algo que se asemeja con el humo, pues este se esfuma y no vuelve. Todo retorno es necesario ser conscientes de que el mismo implica a la repetición, sin embargo, siempre hay alguna diferencia, por mínima que sea. Algo se reanuda y a su vez se reelabora. En este cambio de lo que se re-presenta es donde se asoma la posibilidad creadora de la vida y su transcurso, pues, a pesar de que se haga el mismo recorrido cada día de casa al trabajo, siempre está eso nuevo que puede sorprender, que puede crear.

La cuestión con la nostalgia, y su imposibilidad o renuencia, a renunciar lo añorado, es que puede atrapar en un ideal que no se podrá alcanzar nunca, por ello pensamos en qué situaciones la nostalgia reconoce y resalta la vida con «sus mejores momentos», creando alegorías, poesía, arte, posibilidades re-creadoras, y en cuales otros, ciega, enferma y por consecuencia lleva a vivir atrapado en otra época.

Este sentimiento ambivalente se puede detectar en la cultura popular del siglo XX, un siglo en el que los avances tecnológicos y los efectos especiales se emplean a menudo con el fin de recrear imágenes del pasado […]. En cierto modo, se puede decir que el progreso no solo no ha curado la enfermedad de la nostalgia, sino que ha hecho que se agrave. Del mismo modo, la globalización ha servido para reforzar el afecto por lo local. El contrapunto de la fascinación que sentimos por el ciberespacio y por la aldea global virtual es una epidemia de nostalgia no menos global, el anhelo afectivo de una comunidad con memoria colectiva, de la continuidad en un mundo fragmentado. Inevitablemente, la nostalgia reaparece como mecanismo de defensa en una época de aceleración del ritmo de vida y de agitación histórica. (Boym, 2015, págs. 13-14)

En la actualidad la nostalgia ya no solo se siente de la tierra natal o del pasado, sino que es propio del presente, pues este se escurre entre las manos, es difícil encontrar la posibilidad de vivir un ritmo pausado, los sueños de la infancia, o los deseos del futuro parecen estar comprometidos con la «realidad del mundo».

Podemos decir, entonces, que estamos ante diversos tipos de nostalgia. Sigmund Freud, nos dice en su escrito Lo perecedero «Sabemos que esta preocupación por el carácter perecedero de lo bello y perfecto puede originar dos tendencias psíquicas distintas. Una conduce al amargado hastío del mundo, […] la otra a la rebeldía contra esa pretendida fatalidad» (Freud, 2013, pág. 2118). Del mismo modo, siguiendo a Svetlana Boym (2019), resaltamos dos: la nostalgia restauradora, en ella se busca reconstruir el pasado, aferrándose a dicha imposibilidad, renunciando y esquivando las posibilidades presentes, lo cual, la vuelve nociva; y la nostalgia reflexiva, que se recrea de las ruinas, siendo conscientes del paso del tiempo y de las posibilidades del entorno, permitiendo soñar con otros lugares, otras personas y otras épocas

La mirada reflexiva sobre paso del tiempo, nos permite habitar el presente, en este sentido es vivir en la libertad, no es una forma metafórica sino una postura ética. Es un presente en el cual la eternidad se re-presenta.

Bibliografía

Boym, Svetlana, El futuro de la nostalgia, Editores A. Machado, Madrid, 2015.

Freud, Sigmund, «Lo perecedero», en Obras completas, Tomo XV, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2013.  

Garrocho, Diego, «Nostalgia. Sobre el origen y el nombre de una patología sentimental», en Isegoría, Revista de Filosofía moral y Política, No. 61, julio-diciembre, pp. 673-688, 2019.

https://doi.org/10.3989/isegoria.2019.061.15

Publicado por Mónica Dávalos

Practicante del psicoanálisis en la ciudad de Guadalajara.

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