Amar en el tiempo de la pandemia.

Por: Alejandro León Benitez.

Amor/Muerte. Imagen de Fernando Muñoz

Si esta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis. 

Molière

Si hay un momento adecuado para cuestionar al amor y al amar, es precisamente en esta época de la pandemia.

Ahora, más que nunca, podemos advertir que los vericuetos que nos ha traído la pandemia de COVID-19 nos ha ceñido en sus efectos, y no tanto los que causa la enfermedad, sino los que ha estado causando de una u otra forma en lo anímico a todos los sujetos en este planeta.

La cuarentena (que ya va para bienio) que en un inicio fue más o menos voluntaria, y que a últimas fechas se volvió involuntaria y hasta intolerable para algunos, ha provocado rupturas de parejas y hasta el rompimiento total de familias dentro del escenario de encierro, home office y “nueva normalidad”. Vino a replantear la dimensión de cómo se mueve el amor, pero más, respecto a la manera de amar.   

En la clínica y en la vida cotidiana, hemos podido dar cuenta de las distintas problemáticas derivadas de la pandemia (o “plandemia”, como algunos han sugerido); y en el aspecto de las relaciones afectivas se ha notado un impacto bastante acentuado. En general, todos los sujetos nos hemos visto afectados de muchas maneras ante el encierro, y la más significativa ha sido, sin duda, respecto al amor, en todas sus formas. Hoy día, me parece más que vigente aquel comentario que Freud le hizo al escritor George Sylvester Viereck en una entrevista, en el verano de 1930; le dijo, que la muerte es la pareja natural del amor, y que juntos gobiernan el mundo. Y prueba de ello es lo que podemos observar en este tiempo. 

Estamos siendo testigos de lo que se juega entre la vida (amor) y la muerte. Todos tenemos a menos un conocido, si no es que a alguien más cercano, que ha perdido la vida, o ha sufrido los estragos del terrible coronavirus, o  COVID-19; y podemos apreciar lo que en ello se juega en cuestión de los afectos. La muerte está presente en nuestras vidas más que nunca, o al menos de manera más acentuada. Y por supuesto, que es en los hogares donde se está dando este fenómeno. Las crisis que genera el encierro han generado infinidad de rupturas no solo en las parejas, sino en la familias que ya llevaban años afianzadas y que, tal vez han creído que vivían una supuesta “felicidad”; hasta que la pandemia y por ende el encierro, han venido a cuestionar los sistemas familiares y de relaciones sociales dentro del hogar.

Se volvió casi intolerable la convivencia, o intento de la misma, dentro de los hogares. Lo dificultades se fueron gestando al pasar tanto tiempo juntos. Violencia, enfermedad, amor, muerte, soledad, hastío, entre otros síntomas que a manera de placer y sufrimiento son los que se han manifestado de mayor forma. 

Entonces, ¿qué rayos es amar? Como el verbo lo indica, es un acto. Un acto que no tendría que ver precisamente con romanticismo, si no con hacer algo con y por el otro. Yo me preguntaba, entonces, en el acto de amar, ¿también va implícito lo que tiene que ver con la muerte, es decir, con el acto de destruir de manera mortífera una relación afectiva entre sujetos? Al menos durante esta pandemia, no estaría tan seguro que el acto de amar signifique hacer el bien, sino que tenga que ver también con el acto de destruir. Por eso creo, que un texto más que vigente en la actualidad, es sin duda “Más allá del principio de placer”, donde Freud nos muestra de manera magistral cómo la muerte cohabita con nosotros en todo momento, y nos muestra que el amor se muda en odio, y el odio en amor. 

Como sabemos, nos regimos por las pulsiones, por tanto, hay una compulsión a repetir algo de nuestra historia (haya sucedido o no realmente), que nos sea inherente, del orden de lo familiar. 

Según Freud, justamente nuestra tendencia es hacia la muerte, lo inanimado, tal como si volviéramos al vientre materno, decía él. Entonces, podríamos decir, que amar es también un acto dirigido a la muerte, es decir, a ofrecerle la muerte al otro por medio del acto amoroso, y no tan amoroso. 

En la actualidad que estamos viviendo todas y todos, la realidad del amor ha puesto de manifiesto algo que ya de por sí permea en el sujeto, amar con la vida, pero también con la muerte, con lo mejor y lo peor que tiene; del mismo modo lo observamos en el consultorio, el amor, pero más concretamente el amar como acción, es dar al otro no solamente lo que planteaba Platón en el Banquete, en donde veía al amor (Eros) como todo deseo de dar cosas buenas y felicidad, sino dar aquello que nos habita y que tiene que ver con la destrucción. Es lo que se nos ofrece en la consulta, donde por supuesto está en juego el amor, un amor que el creador del psicoanálisis llamó transferencia.   

De tal forma que, no es casual que en la cuarentena de más de un año que llevamos, hayamos vivido y escuchado, tanto en la clínica como en la vida cotidiana, de historias de rupturas, desamores, violencia doméstica, divorcios, un incremento en feminicidios dentro de casa, etcétera; pero también, hay que decir de las historias donde se han suscitado restauraciones, reencuentros y relaciones que se afianzan, o re enamoramientos y demás situaciones donde el amor y el amar se dan de la forma que todos y todas quisiéramos experimentar. 

Con lo dicho, mi propuesta es, que amar no es solamente para no enfermar como lo dijo Freud, sino puede ser a la vez, un acto donde se hace enfermar al otro. Porque hay formas y momentos para todo, y amar también puede representar una acción donde la forma de hacerlo puede no ser favorable para quien o quienes amamos. El coronavirus ha marcado un antes y un después en nuestra historia, ya no podemos ser los mismos, ni tampoco lo es la forma en que ejercemos eso que llamamos amor. 

Y para cerrar, lo quiero hacer con una cita de Friedrich Nietzsche, de su magnífica obra Así Habló Zaratustra, donde me encontré con algo que para mí es un equivalente a la continuidad del amar en el mundo, un mundo de vida y a la vez de muerte: “Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente corre el año del ser. Todo se rompe, todo se recompone; eternamente se construye a sí misma la misma casa del ser”(pág.303, 2007). Así el acto de amar, que puede otorgar amor (vida) o destrucción (muerte); en ese sentido, se ama con todo lo que tenemos, con la propia vida, pero también con la propia muerte.  

Bibliografía:

  • Freud, Sigmund; Más allá del principio de placer, en Obras Completas, vol. XVIII. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1997.
  • Nietzsche, Friedrich; Así habló Zaratustra. Alianza Editorial, Madrid, 2007.
  • Platón; Banquete, en Diálogos III. Gredos, Madrid, 2008.

Publicado por Alejandro León

Analista, que gusta de la literatura, filosofía, la medicina la escritura, y por supuesto del psicoanálisis.

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