Historia del Consultorio (3)

                                                                         Por: Eunice Michel 

Para Lilia Victoria Oliver Sánchez, con el cariño de siempre.

¿Por qué un Consultorio de psicoanálisis?

Antes de continuar con la historia del consultorio, intercalaré una reflexión sobre la necesidad de un espacio como este en un Centro Universitario.

Y quiero aclarar, de entrada, que no solo, aunque también, me referiré a la situación actual, con una pandemia que no acaba de resolverse y, al contrario, que parece, en los escenarios más complicados, haber llegado para quedarse; y con unas vacunas que tampoco acaban de volverse confiables y seguras en todos sentidos (por lo menos, si hacemos caso a las noticias de diario).

¿Por qué el psicoanálisis? La respuesta es a la vez complicada y sencilla. Los y las que apostamos por este dispositivo para tratar los problemas anímicos sabemos que hasta la fecha no hay abordaje más profundo a la subjetividad.

Este campo del saber  surge a principios del siglo XX, en Viena, con el reconocido psiquiatra Sigmund Freud como su fundador y tiene una evolución esencial, a través de la historia con la aparición en su desarrollo de diversas corrientes y psicoanalistas teórico-clínicos fundamentales, desde  su fundación hasta la época actual.

Asimismo, el psicoanálisis podemos interpretarlo como un síntoma de la sociedad moderna; entendiendo por ello esa que surge en los siglos XVI a XVIII con la conformación del capitalismo (que continúa, con diversos matices, hasta hoy); la sociedad industrial (hoy capitalismo financiero). De ello destacaré dos asuntos: la familia patriarcal o nuclear moderna[1] y el desarrollo de la ciencia y la tecnología contemporánea  del pensamiento moderno (a partir del siglo XVI, con Descartes).

Actualmente, la sociedad capitalista financiera y las importantes mutaciones del patriarcado, en lo que a la constitución familiar corresponde, constituyen elementos esenciales para pensar la época actual y la subjetividad correspondiente; en este momento, una subjetividad además complicada por lo que de alguna manera constituye una crisis civilizatoria con la pandemia del Covid-19.

Hay malestar, hay mucho malestar en la cultura.

Ha pasado más de un siglo desde el descubrimiento freudiano y la inauguración de un campo del saber ligado a su fundador; pero las características fundamentales siguen siendo elementos básicos para la subjetividad de nuestro tiempo.

Después del derrumbe de los países socialistas, con la caída simultánea del Muro de Berlín en 1989 y lo que constituye el siglo corto, como le llamará Hobsbwam al pasado siglo (que comienza para él con la Segunda Guerra Mundial y se termina con la caída del Muro de Berlín, un año antes de 1990), lo que se inicia es lo que algunos llaman «sociedad democrática global» y otros simplemente «imperio» para definir la sociedad de nuestra época[2].

Con lo que todos quizá podríamos estar de acuerdo es que una nueva subjetividad se configura a partir de Auschwitz y los demás campos de concentración nazis como un hito de nuestra civilización.

Pero también, desde luego, la aparición de la posibilidad de desaparición de nuestra especie, con la bomba atómica arrojada por los aliados sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, al término de la Segunda Guerra Mundial (1945), que no solo significó la aplicación bélica de la energía nuclear, sino también un desastre ecológico y de otro tipo que amenaza a muchos sujetos que solo desean vivir en paz.

¿Cuál es esta nueva subjetividad?, surgida de la terrible experiencia de los campos de concentración nazis y la aplicación a la guerra de la energía nuclear; pero también, contradictoriamente, de los intentos de concretar las utopías de cambio social a partir de la experiencia de la revolución bolchevique y su evolución a la burocracia estatal, los procesos de Moscú contra la vieja Guardia comunista y los llamados «campos de trabajo» stalinistas[3].

Con todos estos elementos se configura el sujeto contemporáneo.

A ello habría que agregar, desde luego, el que los hombres y mujeres actuales están determinados, asimismo, por la era digital. Son sujetos «virtuales» en una medida nunca vista, que ahora se agudiza por la contingencia sanitaria en una sociedad en la que los lazos comunitarios se debilitan aún más como desde antes del Covid-19 ocurría; pero ahora en mayor medida en una sociedad que cada vez no solo somete al cuerpo[4] sino también a la psique[5].

De todo lo mencionado y de las importantes modificaciones que han hecho posibles los cambios científicos y tecnológicos en la sexualidad, elemento esencial de lo humano, surge la subjetividad actual[6].

Las adicciones, los suicidios, la depresión son los síntomas «privilegiados» de la época. No solo de los adultos, sino también de los jóvenes, adolescentes e incluso niños. Forman parte del malestar de la sociedad contemporánea.

Recientemente, además en nuestro país, y en todo el mundo, estamos padeciendo un terrible deterioro de los lazos sociales y un predominio de lo que Freud llamó la pulsión de muerte.

A veces, por políticas equivocadas con respecto a problemas sociales como fue el caso en México de la llamada «guerra contra el narcotráfico» en administraciones pasadas y sus terribles consecuencias: la cifra de más de 100 mil muertos y la nada fácil tarea de reparar un tejido social gravemente erosionado para los gobiernos posteriores. Todo ello en el marco del capitalismo neoliberal que hace pagar a los trabajadores y clases populares en general, los costos de las crisis económicas y también sanitarias, desde luego. ¿Dónde se resguardarán o qué casa tendrán para quedarse aquellos  y aquellas que viven en la calle o los y las que viven de la venta diaria de diversos productos como ambulantes, lo que implica salir de sus viviendas para subsistir?

Y también. En el caso de la pandemia actual, ¿quién se va a hacer responsable del desmantelamiento del sistema de salud pública de los sexenios anteriores por la corrupción y otros motivos?

La población estudiantil de nuestra Universidad, por supuesto, no es ajena a los problemas sociales mencionados.

Lacan, quizá el psicoanalista más importante del siglo XX después de Freud, y desde un discurso del que todavía no acabamos de sacar todas las consecuencias, llamó a la depresión «la neurosis contemporánea»[7].

¿Qué caracteriza a esta neurosis en comparación con las neurosis de otras épocas históricas? En primer lugar, la expectativa la mayoría de las veces frustrada, de tener mucho dinero, por encima de valores como el amor, la amistad, o la lealtad. Lo que mide el éxito de la sociedad industrial en su fase más avanzada (el capitalismo financiero), no son los lazos humanos, sino la posibilidad del goce de consumir todo tipo de productos que no necesitamos y a la vez engrosar cada vez más nuestras cuentas bancarias.

Además, para los jóvenes, y también para  los adultos nostálgicos que vivimos otras épocas de mayor esperanza, con respecto a la posibilidad de acceder a otra sociedad, el panorama es más bien sombrío.

Para los jóvenes universitarios, la opción de la movilidad social que antes representaban los estudios e incluso la posibilidad de lograr un lugar en el espacio de la universidad, tampoco son ya los mismos.

Las alternativas para obtener ingresos se presentan entre la lucha personal o la opción por la transgresión delincuencial para lograr el «éxito».

A eso se une, por supuesto, la historia familiar y personal, lo cual conformaría la respuesta ante las dificultades de la vida.

Es en la neurosis singular en la que el psicoanálisis puede influir. Esta es su modesta aportación.

Modesta; pero nada desdeñable. Si recordamos que un proceso de psicoanálisis puede cambiar la posición de un sujeto ante los problemas que enfrenta cotidianamente, quizá modificaremos, aunque sea en este caso por caso que constituye nuestro método, un destino de fracaso personal, y de angustia e impotencia ante los retos de la vida.

Eliminar, parafraseando a Freud, el sufrimiento neurótico y quedarnos con el sufrimiento ordinario que significa ser hombres y mujeres de este tiempo.

Guadalajara, Jalisco 18 de diciembre de 2020.


[1] Roudinesco, Elisabeth, La familia en desorden, Barcelona, Anagrama, 2004.

[2] Negri, Toni, Imperio, España, Paidós Iberia, 2005.

[3] Grossman, Vassili, Vida y destino, España, Galaxia Gutenberg, 2007.

[4] Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Argentina-México,Siglo XXI, 2002.

[5] Han, Byung-Chul, Psicopolítica, España, Herder, 2014.

[6] Butler, Judith, Cuerpos que importan, Buenos Aires, Paidós, 2002.

[7] Cf. Martinelli, Marcela, Las melancolías, México, Casa Editorial Abismos, 2016.

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