¿De qué me habla (mi) ansiedad?

Por: Paola Merant

El consumo no los lleva a la seguridad ni a la saciedad,

sino a la ansiedad. Lo suficiente nunca puede ser suficiente.

Zygmunt Bauman

En mi entrada anterior se abordó el tema de depresión, quedando pendiente hablar, re-pensar, el tema de ansiedad. Palabra que constantemente se escucha en el consultorio. Incluso se ha hecho algo bastante común que las y los pacientes hablen de sus ataques de ansiedad.

Primero me gustaría pensar sobre la palabra ataque, ¿qué significa un ataque? Para darle lugar a aquello que se dice ansiedad. Teniendo en cuenta que el objetivo de este escrito es tomarlos como significantes. Lacan en este sentido decía, en su Seminario 5, Las formaciones del inconsciente:

Freud, consistió esencialmente en introducirles la noción de la función de lo simbólico como la única capaz de explicar lo que se puede llamar determinación del sentido […] como la determinación del sentido es, en este caso, nada más y nada menos, una definición de la razón, les recuerdo que esta razón se encuentra en principio mismo de la posibilidad de análisis. Precisamente porque algo ha quedado anudado con algo semejante a la palabra, el discurso puede desanudarlo […] A este respecto les señalé la distancia que separa la palabra, en cuanto es ejercida por el ser del sujeto, el discurso vacío que deja oír su zumbido por encima de los actos humanos. Lacan, Jacques, Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paidós, 1957-1958, p.17

Con lo anterior, quiero apuntar que, a pesar de que es una palabra que se anuncia en el consultorio, es importante tomar nota que lo que da sentido a esa palabra es el significante en el discurso, más allá de los significados generales que pueden darse, que también son importantes en el trabajo de análisis, pero el punto es llegar al significante. 

Como significados generales puede estar esto del ataque: «Acción violenta o impetuosa contra alguien o algo para hacer daño, destruir o derrotar» (Definiciones de Oxford Languages). Además, existe en esto del mundo de los significados, la clasificación psiquiátrica dominante, el DSM, que toma a la ansiedad como un trastorno, el «trastorno de ansiedad». Pero, insisto, aunque existan, no dejan de estar del lado de la palabra vacía; por ello, lo que al psicoanálisis le da lugar es a la palabra plena, a la palabra del significante.

Sin lugar a duda, hay algo que ataca en esto que se llama ataque de ansiedad, sin embargo, no precisamente ataca la ansiedad, sino que la ansiedad sería el signo con el que el síntoma habla en forma de ataque.

El psicoanalista Fernando Martín Aduriz, en su libro La ansiedad que no cesa, menciona lo siguiente:

La ansiedad no cesa en los cuadros o síndromes porque precisamente la ansiedad es una brújula, un termómetro, una señal. Un aviso de que debajo hay algo más. Si hay malestar, si hay problemas, la ansiedad aparece. Por otro lado, la ansiedad ha tomado el relevo de la angustia. Las confusiones entre una y otras, tiene que ver con la falta de precisión conceptual. La angustia se manifiesta mediante la ansiedad. Es su tarjeta de presentación. Ocurre que al ser su manifestación más exterior se puede llegar a tomar como la base del problema, cuando de lo que se trata es de indagar acerca de lo que angustia a un sujeto, y por qué en ese momento, y cuándo empezó, es decir, es de alto interés la coyuntura de ese primer encuentro con el objeto angustiante. Aduriz, Fernando, La ansiedad que no cesa, España, 2018, Xoroi, p35

En consulta la ansiedad suele mostrarse como el problema central, pero cuando se habla de, ¿Cómo son esos ataques de ansiedad?, es interesante escuchar que a pesar de que los signos pueden ser parecidos, sudoración, aceleración del ritmo cardíaco, insomnio, desesperación, llanto, fuga de la realidad, etc., ese no es más que el envoltorio de la ansiedad, lo dice Aduriz, porque cuando se habla desde Mi ansiedad, se dicen detalles diferentes, detalles del orden de la subjetividad, del mío, que muestran lo que hay en ese envoltorio.

No es casualidad que la vida se encuentre entre un debate de lo cierto e incierto de vivir. Existe tanto acceso a la información, al alcance de la mano, que parece que todo se debe de saber, todo se debe de tener claro y no hay manera para detenerse. La vida rápida, las demandas insaciables casi en formas de ataque: escuela, trabajo, familia, pareja, y ahora de los conceptos más extraños, salud mental y física… y de ante mano, todo eso con éxito, sin error. Y la pregunta acá es ¿cómo lograrlo entre la realidad y subjetividad de la vida misma? …todo un misterio, como esa envoltura, que, con todos esos signos, muestran el malestar originario de la angustia. Aduriz hace una pregunta en este libro que mencioné líneas arriba, ¿la ansiedad es la respuesta a la pregunta, qué soy para el Otro?… Añado: ¿qué y quién soy para mí, para mi vida?, ¿qué quiere el Otro de mí?, preguntas que tienen respuesta desde lo in-cierto, desde la verdad subjetiva.

Con lo anterior, me es interesante que uno de los signos en la ansiedad sea la aceleración del cuerpo: sudoración, ritmo cardíaco acelerado, fuga, insomnio… todo se consume, nada se detiene. Ni el cuerpo, ni la mente, ni la vida. Por esa razón, es importante, por lo menos para mí, la palabra de-tenerse. Detenerse no implica solamente un alto, sino también de-tenerse, sos-tenerse, tenerse. Precisamente algo que el psicoanálisis posibilita, de-tenerse a hablar, sos-tenerse a escucharse, tenerse en su verdad.

¿Qué mayor (r)evolución al sistema demandante?, la posibilidad de-tenerse.

Con este texto, que es breve, tampoco quiero ser utópica (sin menospreciar la utopía que creo que es más que necesaria). La vida para todas y todos necesita una (r)evolución, quizá (y sobre todo para aquellos que no lo permiten) en esas de-mandas… Una evolución para poder dar, para posibilitar en las realidades maneras de poder existir. Sin embargo, y el punto de mi reflexión, en cuanto a lo que implican (un poco) las ansiedades (en plural), mi propuesta es esa, darle lugar, de entrada, a la posibilidad de-tenerse.

Bibliografía

Lacan, Jacques, Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, 1957-1958, Paidós.

Aduriz, Fernando, La ansiedad que no cesa, España, 2018, Xoroi

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